Gritos del alma de un adolescente real

- ¡ NO QUIERO DEJAR DE SER NIÑO !

Antes tú mamá, tú papá te acercabas más a mí, me abrazaban, me decían cosas agradables, siempre me sentía querido, acompañado, cuidado. Sin pedir nada, me daban todo. Me sentía completo, el amor por los dos lo sentía muy fuerte. Estoy creciendo y me estoy sintiendo diferente y a ustedes también los siento distintos, por eso no quiero dejar de ser niño, no quiero cambiar ni que ustedes cambien conmigo.

- ¡ NO SÉ HACER NADA !

Sé que se han esforzado en que yo aprenda, pero las cosas se me dificultan, siempre escucho que no me bañé bien, que traigo mal acomodado el cuello de la camisa, que mi ropa no combina, que no me peiné bien, que la cama me quedó mal tendida, que se me olvidó cepillarme los dientes, que tengo jabón dentro de las orejas, que al menos el desayuno ya me lo debería de preparar, que los platos que lavé todavía están sucios, que todo lo hago mal, que no sé hacer nada.

- ¡ YA HUELO MAL !

Ese día que llegué del colegio y ví que te encontrabas en la casa, animado y feliz me acerqué a abrazarte y darte un beso, y sin más me rechazaste diciéndome que me bañara porque olía mal, al rato me entregaste un desodorante para que lo comenzara a utilizar.

- ¡ MI CUERPO ME DUELE !

En el colegio y ustedes me han explicado que estoy creciendo, pero el dolor que siento en el cuerpo nadie me ayuda a quitármelo, realmente me siento mal, de repente hasta con muy mal humor y por más que pido ayuda sólo rechazo recibo. En ocasiones me pongo a llorar sin saber por qué.

- ¡ SIENTO COSAS AGRADABLES QUE SE CONVIERTEN EN DESAGRADABLES !

Puede ser en cualquier momento y sin pensarlo comienzo a sentir en mis genitales sensaciones muy agradables, pero de pronto estas mismas sensaciones me hacen sentir mal, cómo si estuviera haciendo algo muy malo.

- ¡ CREO QUE TODO EL MUNDO ME OBSERVA SÓLO PARA CRITICAR AQUELLO QUE ME SALE MAL !

Hasta cuando me encuentro solo pensando en cualquier cosa, creo que algo que hice me sale tan mal que todos se burlan de mí, y cuando me encuentro rodeadeo de gente, pensar que esto suceda en ese preciso momento me atemoriza y me cuesta muchísimo trabajo realizar lo prometido.

- ¡ NECESITO QUE ME DEMUESTREN QUE ME QUIEREN !

Papá, mamá yo sé que los rechazo y no se por qué, pero la realidad es que necesito que ambos me demuestren que me siguen queriendo, cada vez que me porto como un tonto cuando ustedes se acercan a mí, no hay momento que más me odie, porque en realidad necesito que me demuestren que todavía me quieren.

- ¡ SIENTO MUCHO AMOR, PERO NO SÉ EXPRESARLO !

Realmente quisiera abrazar a todo el mundo, en especial a mi propia familia, pero hay algo en mí que no me deja y es un gran temor de ser rechazado, que me digan de frente que no me quieren me da tanto miedo que me congelo y no puedo hacer nada. En ocasiones es puro orgullo, personas que amo de verdad, pero que algo me han hecho y creo que demostrándoles mi indiferencia los voy a lastimar, pero la verdad es que a mí me duele no poderles decir cuanto son importantes para mí.

- ¡ ESTOY MUY CONFUNDIDO Y NO SÉ QUE HACER !

En todos lados escucho que me porte bien, que no haga nada malo, que tenga cuidado con quien me junto, que sea correcto y educado, pero quienes me dicen esto son los primeros en que yo compruebo que se portan abiertamente mal, que dañan a propios y extraños, tienen amigos de muy mala reputación, se violentan y son en extremo groseros, porque ellos sí y yo no. Y cuando me equivoco soy víctima de regaños y castigos. ¡No entiendo!

Confesiones de un ex marihuanero

No sé cómo empezar, cómo siempre me siento confundido, pero lo que sí sé es que no voy a volver a empezar de nuevo, caí en la trampa, mis “amigos” y yo cuando nos trabábamos compartíamos nuestras ideas y nos sentíamos grandes, cómo si cada pensamiento fuera único y genial, al principio creía que esto me gustaba, pero al pasar el tiempo seguíamos siendo los mismos, más viejos, más estúpidos y lo peor, más mediocres.

Juntos nos defendíamos, nos proporcionábamos motivos y justificaciones para creer que fumar marihuana era lo mejor, cómo si se tratara de un privilegio sólo para iniciados. Pero ahora que renuncié a mi cobardía, puedo decir que internamente sabía que yo sólo era un marihuanero más.

Con 15 años encima, ideas increíbles sobre la sociedad que surgían de suposiciones fundadas en comentario aislados o de lecturas espontáneas, me hicieron renunciar a mis obligaciones y compromisos propios de un adolescente, no le veía sentido a estudiar en el colegio, a limpiar mi cuarto o tender la cama si en la noche iba a acabar igual.

Sin ninguna experiencia ni conocimiento de nada, trabado me sentía el ser más ilustre y sabio en la historia de la humanidad, no se lo decía a nadie, pero en esas ocasiones me sentía así.

Por conseguir más droga para mí y a veces para los demás, mentí, robé, abusé y en ocasiones hasta llegué a pensar en vender mi cuerpo para conseguir dinero.

No comprendía por qué en mi casa cuando llegaba con hambre a comer lo que hubiera, mi familia se enojaba, cómo si les molestara que yo tomara lo que había para mí.

Si me sentía triste me molestaban diciéndome que yo me lo buscaba por fumar marihuana y si me sentía contento no me soportaban y me decían que no los molestara.

Cuando tuve novia, ellas siempre se convertían en un misterio para mí, me reclamaban que no las visitara con más frecuencia, y cuando estaba con ellas se comportaban cómo si fueran mi mamá.

Las semanas fueron pasando por años y las rutinas de los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos siempre fueron las mismas, los mismos “amigos”, las mismas palabras, las mismas bromas, las mismas risas, incluso en ocasiones me sentía un adivino anticipándome a lo que iba a ocurrir.

Pero mis demonios comenzaron a molestarme. Cuando llegaba a pensar que no estaba haciendo nada con mi vida, cuando prefería ir a la misma esquina de siempre en lugar de acompañar a mi novia a algún buen lugar, terminaba convencido que tenía que dejar de drogarme, pero sólo de pensarlo comenzaban las pesadillas, la angustia, la ansiedad, miedos irracionales para que sin pensarlo volviera a fumar.

Todo comenzó a molestarme, incluso mi incapacidad a comprender dos palabras me comenzó a parecer desesperante, estar con mis “amigos” y no estar con ellos, me molestaba pensar que la sociedad entera no fuera cómo el juego de San Andreas para que yo tuviera el control y hacer sólo lo que yo quisiera.

Toda mi familia quería que dejara de fumar marihuana, yo también lo quería así, pero el gusto de llevarles la contraria me hacía que fumara en la cara de todos ellos.

Mis novias me decían que no servía ni para el sexo, pero drogado sabía que hasta a ellas les gustaba.

Cargando 18 años de mi vida, algo pasó y me vi en retrospectiva, en mi niñez fui siempre muy miedoso, no podía resistir sensaciones desagradables y conforme reconocía aquello que no me agradaba, hacía todo lo posible para evitarlo, cómo preferir orinarme en la cama para evitar el miedo que me daba para ir al baño, la pereza que sentía al lavarme los dientes me hacía mentir diciendo que ya lo había hecho, la sensación de tener la obligación de hacer las tareas era tan desagradable que prefería ponerme a jugar con el computador o con cualquier consola, no me gustaba que me tuvieran que decir todo aquello que debería hacer, así que aprendí a responder con una pésima actitud para evitar que se metieran de nuevo conmigo. Hasta los once años fui todo un completo cobarde que no podía soportar ni la más mínima molestia porque me sentía enloquecer, así que evitaba todo aquello que me hacía sentir mal, y esto la gente lo mal interpretaba creyendo que yo era una persona tímida o tranquila, cuando en la realidad era un ser con mucho miedo y una carencia afectiva enorme, ahora sé que mi egoísmo tan exagerado me hacía creer que nadie me quería o sentía el más mínimo interés por mí.

A los doce años mis únicos fieles compañeros fueron la ansiedad y la angustia, todo me hacía sentir mal, bastaba que alguien se me quedara mirando y yo pensaba una gran cantidad de causas por las cuales esa persona me veía y más ansiedad y más angustia. Quería participar en algunas cosas que me interesaban, pero el miedo a hacer el ridículo me paralizaba. Recuerdo claramente sentir el deseo de decirle a mis padres cuanto los quería, pero algo no me dejó hacerlo y confundido llegué a pensar que no lo hice porque ellos no me querían a mí.

Conocí a Rafael en el colegio, me llamó la atención su aparente tranquilidad, que aun cuando no cumplía con los trabajos que nos encargaban los profesores, parecía que eso no le importaba, perdía materias y ni eso parecía afectarle. Un día conocí su secreto y al invitarme a probarlo no me negué, y desde ese momento mi vida cambió. Me convertí en otro esclavo humillado de una perversa majestad, la marihuana.

Cuando en mi casa se enteraron que fumaba marihuana, hice sufrir a mis padres la más tremenda desilusión de sus vidas. A mi me dio muchísima pena, me sentí muy mal ser la causa del llanto de mi madre y del gran coraje de mi padre, pero en vez de enfrentar el problema para solucionarlo, lo único que podía hacer cómo el buen mediocre en que me había convertido, fue ir a buscar con quien trabarme.

La única causa de todo el mal que me he hecho y le he ocasionado a tanta gente, incluso a la sociedad completa con mi mal ejemplo de vida, ha sido mi exagerado egoísmo. Desde muy pequeño me acostumbré en pensar sólo en mí, darme gusto sólo a mí sin pensar en nada ni en nadie, lo poco de inteligencia que he desarrollado sólo la he utilizado para justificarme, para todo podía encontrar respuesta pero para nada constructivo, sólo pretextos para evitar admitir mis errores, porque siempre he sido muy cobarde. Los compromisos y las responsabilidades no son para mí, porque sólo de pensar en ellos, realmente me dan ganas de llorar.

Tengo 18 años y reconozco que no he hecho nada con mi vida, sólo intoxicar con marihuana mi cuerpo y mi mente, intoxicar con mi ejemplo a otras personas que posiblemente hubieran tenido vidas más sanas si no me hubieran conocido.

Realmente mi pasado es muy triste porque no disfruté realmente de nada, ni de mi familia, ni de mis “amigos”, ni vacaciones, ni regalos, ni felicitaciones, ni novias, ni mascotas, ni siquiera de mis matas que cuando les veía algún defecto de inmediato las regalaba.

Mi vida continuó con despertares a altas horas del día, desesperado por no saber que hacer, comprar amistades con marihuana, evitar encontrarme con mis padres, hartarme de todas las personas que llegué a conocer, buscar a éstas mismas personas y pasar la noche solo, viendo el televisor sin poner atención a nada, todo esto siempre encontrando el momento de trabarme para no sentirme mal.

Y con 18 años tuve que arrancarme la pendejez de tajo, sí, me gusta, tuve que dejar de hacerme el pendejo, no sé de donde me llegó la fuerza, pero me decidí a no continuar viviendo así, en ese momento al verme en el espejo la cara de estúpido que me dejó la marihuana, me dije a mí mismo que todo eso acababa ahí mismo. Hablé con mis padres, yo mismo busqué ayuda, luché de frente contra mis demonios que no dejaban de acosarme haciéndome sentir el deseo de volver a fumar, ya que en ocasiones cualquier cosa me olía o me sabía a marihuana y surgía en mí cierto deseo, pero afortunadamente no pudieron conmigo. Al regresar a la escuela conocí nuevas personas, personas sanas a quienes busqué para que me ensañaran a ser cómo ellos, personas que se enfrentan a sus malestares de una manera normal, superando el miedo natural con actitudes positivas, admitiendo sus errores y aprendiendo de ellos. Convivo con jóvenes de 16 años que son completamente más maduros y sabios que el más viejo de mis antiguos “amigos” marihuaneros.

Ya no sueño, ahora me dedicó a prepararme para poder lograr ser algo más que uno de los millones de mediocres e inútiles marihuaneros que hay en todo el mundo.

Ahora, después de algunas semanas se me quitó la cara de estúpido y lo pendejo también.

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¿Drogadicto yo? Sé que si …

Cualquier parecido de este ficticio relato con la realidad es pura conincidencia.

Cuando supe por primera vez que era la drogadicción, no me interesó el tema porque en esa época jamás tuve ni por curiosidad la intención de probar algo. De repente fumar cigarrillo me llamaba la atención, pero me llenaba de miedo que me fueran a regañar por eso.

En estos últimos días en que he podido reflexionar sobre lo que he aprendido de mi situación real, puedo estar completamente seguro que nunca me imaginé hasta donde iba a llegar. Toda la gente que conozco y que de alguna manera tiene relación conmigo me lo advirtieron y sin embargo jamás quise escucharlos.

Sólo fue hasta que comenzaron a cerrarme las puertas que pude convencerme que algo malo me estaba ocurriendo, víctima de una incontrolable ansiedad por continuar drogándome comencé a buscar a parientes y amigos para pedirles dinero y poder comprar mis siguientes dosis, tuve que vender lo poco que tenía e inevitablemente terminé robando a conocidos y extraños para poder comprar la droga que me permitiría sentirme tranquilo. Al final era lo único que hacía, consumir para quitarme la horrible ansiedad que sentía con un terrible miedo de que cuando el efecto terminara, volvería a sentirme muy ansioso y enfermo.

Hace unas semanas, mi madre me habló de una solución a mi grave problema de adicción, me comentó que muchas personas con una situación similar a la mía habían logrado dejar de drogarse en poco tiempo y sin la necesidad de estar internados y que el costo del proceso mi familia estaba dispuesta a colaborar para reunirlo. Inicialmente me sentí molesto con la propuesta, pero cuando la ansiedad comenzó a apoderarse de mí, por mi mente pasó la posibilidad de terminar con mi sufrimiento de una vez por todas. Le dije a mi mamá que aceptaba, pero que fuera lo más pronto posible y después de sólo una semana al terminar el proceso de descarga emocional®, la ansiedad ha desaparecido totalmente.

He tenido breves momentos que por mi cabeza pasa la posibilidad de volver a drogarme, pero realmente el deseo es tan débil que puedo eliminarlo de mí.

Lo mejor de todo, es que el proceso inicial es parte de un programa el cual me ha permitido saber por qué terminé en tan lamentable estado y con una muy notoria precisión me indica lo que debo hacer para evitar volver a lo mismo.

Haber aceptado sinceramente que el único responsable de mi situación soy yo, me ha traído gran tranquilidad y he dejado de buscar culpables para ocupar mi tiempo en resolver mi complicada personalidad.

Inicialmente pude darme cuenta que al igual que mis familiares, soy producto de generaciones con una educación muy limitada con relación a las emociones, y en mi caso particular por algunas circunstancias distintas desarrollé una mayor sensibilidad a las emociones desagradables que nadie me enseñó a comprender.

Es así que durante mi crecimiento cada vez que sentía emociones desagradables, no pude construir una personalidad que conociera actitudes positivas para resolver sanamente mis conflictos y fui acumulando una serie de actitudes negativas para responder erróneamente.

Por otro lado y sobre todo mis padres, sin saberlo hacían de todo para que desde pequeño me hiciera muy egoísta y me convirtiera en un ser poco tolerante a la frustración. Esto pasó cuando ellos intentaban dar gusto a mis deseos racionales e irracionales, y cuando me equivocaba o me metía en problemas, eran ellos los que resolvían impidiéndome acumular mis propias experiencias al respecto.

Cuando víctima de un exacerbado egoísmo no podía satisfacer mis deseos, para contrarrestar esa insoportable frustración, encontré una espectacular manera de fugarme de la realidad teniendo ideas y pensamientos con resultados anticipantes, verdaderos “pajazos mentales” que en el interior de mi mente me permitían hacer lo que yo quisiera y a mi gusto y necesidades, me pasaba horas sumergido en este apasionante entretenimiento sin saber que en realidad lo único que estaba consiguiendo era, literalmente, volverme loco.

Esta estúpida técnica para vivir, la fui empleando para satisfacer inmediatamente a mi exigente ego.

Conforme el tiempo fue pasando, de repente comencé a sentirme ansioso, intranquilo, sin saber por qué. Adaptarme a la vida normal me comenzó a parecer casi imposible, siempre había algo que no permitía sentirme sereno.

Al llegar a la adolescencia nada me resultaba agradable, todo me parecía aburrido y sin sentido. Y para poder sentirme un poco mejor, me refugiaba en mis cada vez más grandiosos pajazos mentales.

A esta perversa intranquilidad se sumó el gran deseo de tener relaciones sexuales y comencé la búsqueda de aquello que me diera gusto. Comencé a relacionarme con personas muy similares y me fue gustando cómo fui adaptándome a ellos. Mayor ansiedad padecí cuando aprendí a masturbarme, me gustaba hacerlo y sentir el orgasmo, pero siempre terminaba sintiéndome frustrado. Siguieron las mentiras y la manipulación para no parecer menos que los demás, llegando el momento en que por tanta ansiedad llegué a pensar en suicidarme.

Recuerdo bien el día que en una fiesta familiar comencé a beber cerveza y sentir aquella agradable sensación relajante, también recuerdo el aplauso lleno de burla de los demás al verme completamente borracho y cómo sentí que por primera vez la gente me prestaba algo de atención.

A partir de ese día, siempre que asistía a alguna reunión necesité tomar algo para poder adaptarme, pero en ocasiones las cosas se me salían de control convirtiéndome en un verdadero problema para los demás. Entre borrachera y borrachera, me volví a sentir ansioso, pero ahora con la diferencia que no podía dejar de emborracharme. Y llegó el día que comencé a probar con las drogas de todo tipo, siempre con la idea presente de encontrar aquella que me permitiera sentirme bien de noche y de día.

De un niño egoísta y desadaptado me fui convirtiendo en una persona con un terrible dolor emocional® por consecuencia de todas aquellas emociones que se fueron acumulando en mi organismo por no poder expresarlas correctamente y que al intentar disiparse en el medio ambiente de manera natural, me provocaban conforme el tiempo iba pasando, una mayor intranquilidad. Y la única solución que conocía en ese momento para evitar sus desagradables síntomas eran mis conductas compulsivas. Prefería cualquier tipo de humillación, mal trato, incomprensión, problemas, a sentirme de esa forma tan horrible.

Ahora estoy aprendiendo a vivir de una manera diferente, ya sé lo que me pasó y estoy totalmente dispuesto a cambiar para ser mejor persona, libre de mis conductas compulsivas.

Para que cualquier persona con problemas de adicción pueda pensar claramente para reflexionar sobre su situación y tomar la sincera decisión de abandonar sus letales consumos y cambiar radicalmente de personalidad, podemos comprobar que es totalmente necesario que se descargue emocionalmente primero con cualquier proceso de la Corporación Proyecto Vida para que recupere su natural estado de serenidad®, y pueda después aceptar libremente trabajar comprometidamente el Programa de Prevención del Dolor Emocional® y las Conductas Compulsivas.

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